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martes, 11 de mayo de 2010

C'mon Pompey!

JMHulme:




¡Buenos días!
“Noticias frescas, noticias breves, para servirle, Mister Quitanieves” No nieva aquí en Catalunya (creo, ahora me asomo por la ventana), pero quería comentar una breve tonteria pseudofutbolística y en los mensajitos me hubiera alargado mucho.




El Portshmouth, el colista de la Premier, juega este fin de semana la final de la FA Cup contra el todopoderoso Chelsea. Ganó al Tottenham en las semis, así que un aplauso para estos muchachos. Sus supporters (ahí arriba tenemos una foto con uno de ellos, probablemente el menos entusiasta) han lanzado una campaña de apoyo que consiste en llevar la canción "Portsmouth" al número 1 de las listas británicas.
Un poco de historia musical, que nunca viene mal. En los 70, antes de que vinieran los punks chillando y golpeándose unos a otros con sus guitarras, existía una cosa que se llamaba rock progresivo. Un consejo que os doy, de gratis: nunca, NUNCA escuchéis nada que tenga la etiqueta “rock progresivo”, vuestros cerebros se convertirían inmediatamente en pulpa. Por supuesto, si os habéis pasado media vida atiborrándoos de cerveza probablemente dé lo mismo, así que dejémoslo.
Bueno, la cuestión es que los músicos progresivos cuando se aburrían les daba por pillar canciones folkies de los “tiempos de antaño” y reversionarlas. Esto es lo que hizo un melenudo Mike Oldfield allá en el lejano 1076:
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Sed sinceros, ¿cuántos habéis parado el video en cuanto habéis visto aparecer a la pizpireta muchacha vestida de blanco? Bien hecho, porque a continuación se pone a bailar. Y luego a bailar con más chicas como ella. Siguiendo la reciente dinámica del blog, diré que ver a chavalas bailando no tiene por qué ser malo, pero el problema en este caso es que no se quitan la ropa. ¿Cómo? Un videoclip musical ¿y las chicas salen vestidas? ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Pero ésta es la canción que los aficionados del Portsmouth quieren llevar a lo alto de las listas británicas. ¿Alguien imagina algo así sonando en los 40 Principales? Pues la verdad es que esta canción en su día llegó al número 3, puesto que hoy ocuparía por ejemplo Lady Gaga o lo nuevo de Pignoise. Estoy confuso, ¿estamos mejor ahora que en los 70?

Vuelvo al fútbol antes de que el dueño me eché bronca por no ceñirme al tema del blog (para los despistados, en teoría es el fútbol).

El Portsmouth adoptó hace unos años esta canción como una especie de himno extraoficial, porque lleva su nombre. Pedazo de vagos. Supongo que les gusta también porque como no lleva letra pueden gritar lo que les salga de los huevos, igualito que con el himno español. Ahora que van a jugar la final de la FA Cup quieren que la canción vuelva a triunfar y han montado un grupo en el Facebook en el que te indican un link para comprar la canción por internet. Es evidente que no vais a comprar la canción, pero podríais haceros miembros del grupo. Vamos, si cada día os hacéis miembros de cualquier grupo que empiece por “Señoras...”, no os cuesta ná...

Todo esto para decir simplemente ¡a por ellos, Pompey!

¿Que por qué estar con ellos y no con el Chelsea? A ver, siempre hay que apoyar al débil, no porque sea más honrado o buena gente sino porque es débil, es de cajón. Incluso cuando es el Barça quien juega contra equipos mierdecillas yo (culé radical) apoyo a los débiles. Quiero que pierdan, pero les apoyo. Moralmente.

¿Otro motivo? Resulta que el Pompey ya ganó esta competición en 2008, y se ve que el pago de las primas por la victoria casi arruinó al club. Este año lo tienen difícil para batir al Chelsea, pero si lo consiguen probablemente el club se hunda en la miseria económica. Awesome!

jueves, 3 de diciembre de 2009

La imagen

De nuevo el coleguilla:

Buenos días.
Nirvana fue el grupo emblema del grunge. Fue gracias a ellos, o por su culpa, que se puso de moda en los 90 el ir sucio y greñudo. Otra cosa que hicieron, aunque tal vez menos trascendente, fue convertir la música alternativa en... en no-alternativa, básicamente. De pronto Smells Like Teen Spirit sonaba a todas horas en Los 40 Principales y había más adoradores de Kurt Cobain que de Pet Shop Boys.
Cobain no llevaba nada bien esta fama repentina. Sobretodo, tenía problemas respecto a sus fans. Lo que él decía era algo así como que, de pronto, resultaba que la misma gente que unos años antes le golpeaban y le insultaban en el instituto ahora saltaban y movían arriba y abajo la cabeza en primera fila de sus conciertos. Puede decirse que al cantante y guitarrista de Nirvana no terminaban de gustarle la nueva legión de fans llegados con Nevermind. Por eso en su siguiente disco (In Utero, 1993) trataría de alejarse de ellos y del sonido comercial que les había atraído.

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Ahora, fútbol. Exactamente igual que un grupo de música, los clubes de fútbol no pueden controlar quienes son sus aficionados. En todas partes cuecen habas, dicen, lo que creo que significa que la mala hierba, aparte de que nunca muere, te la puedes encontrar hasta en el jardín más cuidado. Los Boixos Nois del Barça o los hooligans más violentos de Inglaterra, por ejemplo, todos ellos son una mancha para la imagen de su club. Si pudieran, las directivas de los clubes no dudarían en controlar qué tipo de escoria anima a su equipo, pero sólo pueden controlar quién se hace socio o quién paga abono, no al pirado que en el bar de debajo de su casa se pone a insultar a los negros-maricones-judíos-comunistas con una bufanda del Barça al cuello. Esas cosas dan mala imagen a los equipos.
Me imagino a los altos cargos de, yo que sé, ¿el Glasgow Rangers mismo? tirándose de los pelos cada vez que ven a uno de sus supporters en la tele bailando con una farola mientras sostiene una jarra de cerveza y llama bastardas a las palomas.

¡Fucking basterds!

Los mandamases del futbol odian a las aficiones, pondría la mano en el fuego. Para ellos no son más que una muchedumbre ruidosa y quejica que les impide gestionar a placer el club como lo que realmente es, o creen que es, una empresa. Lo divertido es que ningún club de fútbol puede pasar sin su afición, ni siquiera el Chelsea o el Manchester City, por poner dos ejemplos de clubes juguete en manos de multimillonarios. Son las aficiones, en su infinita variedad de borrachos, exaltados y papamoscas, los que llenan los estadios, pagan por ver los partidos en la tele y compran el merchandising de los patrocinadores. Aunque no seamos conscientes de ello, los aficionados les tenemos cogidos por las pelotas. Bueno, más o menos.
Quiero poner un ejemplo de aficionado vergonzante, de esos que por sí solos ensucian la imagen del club de forma indeleble. Hablo de Franco, el dictador. Era merengue, y eso no es algo que un culé rencoroso como yo pueda pasar por alto; pero no sólo yo recuerda que la afición blanca cuenta entre sus filas un tipejo de esa calaña. Voy a ponerme en pie y a entonar esos versos henchidos de sabiduría popular:
“Franco, Franco, tiene el culo blanco...”
Luego la canción da una explicación a tan anodino cromatismo. Resulta que su mujer, muy pulcra ella, lo lava con Ariel. Pero podría haberlo lavado con cualquier otro detergente y el resultado hubiese sido el mismo. Blanco. No azul y grana, no. Blanco.
Esto es una afición de la que sentirse orgulloso:





JMHulme