Toda España está con su selección. Toda España ruge, ansiosa de que los jugadores que conquistaron la Eurocopa se planten en la final del Mundial de Sudáfrica. ¿Toda? No, las fans de Gerard Piqué sufren por su guapo ídolo, temerosas de que si sigue jugando quede hecho tal cromo que ni su propia madre pueda reconocerlo.
Me imagino la jugada del gol de Suiza, chillidos histéricos y cuando les preguntabas, las Piquefans te respondían que el gol se la pelaba ¡pero que a su Gerardín le habían rebentado la ceja!
Yo ahora si fuera Welcome, el de Honduras que aostió sin querer a Piqué con el pie, viviría aterrado. La furia de las groupies españolas caerá sobre él en cualquier momento.

A todo esto, y ya que hablamos del Mundial, me gustaría expresar mi más absoluto desprecio por el Brasil de Dunga. Que decida prescindir de los milanistas Pato y Ronaldinho sorprendió desde el primer momento, pero se dijo que era para acentuar el potencial como bloque del equipo. Dos partidos después los brasileños sólo han demostrado un juego pastoso, indigesto, repugnante, aburrido y desilusionante.
Argentina en cambio, y contra todo pronóstico, va haciendo lo suyo. Por el momento ni siquiera están notando la incomprensible y deplorable ausencia de Maxi López en Sudáfrica. Ya veremos cuánto tarda Maradona en querer acaparar protagonsimo y colocar a Messi, qué se yo, de lateral derecho (para dar salida de balón a la defensa).
Una cosa más antes de que se me olvide. Desde aquí mando mi apoyo a la Francia revolucionaria. Bonne chance!